lunes, 7 de septiembre de 2026

COLUMNA: Indultos para unos, criminalización para otros


ASÍ SE LO CUENTO: 


Autor: Kevin Contreras



Honduras: Cumplen treinta días los garífunas en el campamento feminista Viva Berta: Por la vida del pueblo Garífuna. Su exigencia es clara y urgente: un alto al despojo, al hostigamiento y a la criminalización de cuatro defensores y una defensora de la comunidad de San Juan, en Tela, Atlántida.

Resulta alarmante la postura del Estado hondureño que, bajo una nueva administración, mantiene en el abandono las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero sería ignorar la realidad, los hondureños ya esperábamos que esto y más sucedería desde que asumieron las nuevas autoridades impuestas por Trump.

Lejos de garantizar la protección territorial de los pueblos originarios, la aprobación de la Ley para el Fortalecimiento Agroindustrial, ha servido como mecanismo para justificar el desplazamiento, la represión y la privatización de tierras ancestrales. La resistencia en San Juan no es solo la defensa de un pedazo de tierra; es la lucha por la supervivencia cultural frente a una estructura estatal que prioriza el capital sobre la vida humana.

Lo más indignante —aunque nada sorprendente dentro del sistema de justicia hondureño— es la evidente desigualdad en la aplicación de la justicia: mientras a figuras políticas condenadas internacionalmente por narcotráfico o señaladas por desfalcar las arcas del Estado se les otorgan cartas de libertad para que sigan gozando con completa impunidad, mientras las comunidades originarias siguen exigiendo el cese de la criminalización.

Al visitar el campamento garífuna, el corazón se encoge. Solo queda suspirar y asumir el compromiso de informar con la verdad ante un país sumido en un estado constante de shock; una población que, tras recibir golpe tras golpe por parte del Estado, se mantiene sumiso en una constante acumulación de injusticias.

No culpo a mi pueblo por no reaccionar, aunque a veces me abrume la molestia y la ansiedad. Entiendo que en solo siete meses de este gobierno la asfixia económica es tan fuerte que las familias hondureñas solo buscan cómo sobrevivir para llegar a fin de mes. 

Eso lo percibo al regresar a casa, al cruzar por las colonias donde la clase trabajadora vuelve exhausta de sus trabajos, mientras escucho Casas de Cartón de Los Guaraguao es inevitable que no se escape alguna lágrima, pero es el impulso para seguir amando a este país y para abrazar las luchas que sigo acompañando.

George Orwell menciona que "si la libertad significa algo, significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír", y desgraciadamente estamos solo soportando tanta injusticia, sin accionar ante un Estado racista, odiante de los pobres, incluyendo a quienes, bajo una falsa utopía, aún se consideran clase media.

Y puede que esa frase trillada y desgastada escuchada miles de veces, pero no es para pasarla por alto: hoy vienen por ellos, mañana vendrán por nosotros. ¿Cuándo pensaremos en accionar? Mientras los narcos y corruptos reciben indultos y cartas de libertad, hoy los garífunas reciben criminalización pura ante la desprotección de un Estado al servicio de los grupos de poder económico y extranjero.

Treinta días de campamento garífuna, treinta días de dignidad, treinta días de resistir las embestidas institucionales; treinta días para que el pueblo haya logrado cuestionar, denunciar y buscar cómo accionar en el futuro. Porque o los vencemos unidos, o nos matarán por separado.